domingo, febrero 28, 2010

Mi Niña

Naciste y ya fuiste una flor,
tan amorosa, tan graciosa, tan bonita y cariñosa
pues con el amor que desprendías,
llenabas todo el jardín de la luz y la alegría,
de toda tu vida hermosa, radiante y sufrida.
.
¿Y por que tú?
tú buena madre, buena hija,
tú buena esposa y compañera,
tú buena hermana… te lo digo
buena amiga y buena… en todo.
.
Me llamaron, me dijeron, me avisaron,
y como rayo yo partí… a estar contigo,
no sabía si había tiempo, ni veía la distancia
me preocupaba el verte, estar contigo
el verte sonreír, el escucharte...
y que tú, como siempre hacías,
me serenaras a mí.
.
“Corre y vuela, corre y vuela
corre y vuela que no llegas
ya te pasó aquella vez
¿no te acuerdas?
… corre y vuela que no llegas”.
.
Pero no llegué…
no llegué para verte sonreír,
ni para que me hablaras,
ni para que tú me hicieras sonreír
ni… ni para nada.
Llegué y no pude hacer nada... nada.
.
Solo pude quedarme quieto,
viendo como te ibas poco a poco, durmiéndote…
y yo acariciándote, besándote,
y diciéndote todo lo que te quería…
y el dolor... ese dolor.
.
Eras el corazón de nuestra piña,
y las lágrimas no me dejan ni explicar,
todo lo que te quería,
¡siempre brindaré por tí, y contigo!
Cielo mío… mi niña.
.
.
Jorge Pérez
a Margarita Pérez González de Valdés (08/08/07)

Despierto

Escrito el verano del 2000 en Malcocinado (BADAJOZ)
.
Agosto nos sacude con el calor desde las primeras horas del día, pero sus noches nos dejan en la piel la brisa y el frescor que te hace respirar fuerte y regocijarte, mas propio de la primavera que de esta época.
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Yo suelo levantarme temprano. Aún no acabo de quedarme con la situación clara de estar de vacaciones.
El primer rayito de luz que entra a través de la ventana por un pequeño resquicio dejado un poco abierto a propósito, me hace levantarme y buscar casi a tientas el café que me devuelve a las sensaciones mas primarias.
El canto primero de los pájaros que pasan volando por encima de la casa me deja aquietado. Sigo con la mirada sus vuelos y quedo quieto, inmóvil, respirando profundamente, el aire limpio, agradecido, y masticando el sosiego, hasta quedar mimetizado con el patio de la casa y su entorno. Soy por así decirlo, una planta mas, parte del encalado. Yo diría que soy casi un limonero.
El aire, fiel al paisaje, te hace respirar hinchándote a conciencia, adornándote el olfato con aromas a verde, limpios, puros y amplios.
Repito café. La situación lo merece.
De nuevo en el patio, sorprendo al gato del vecino, que con fijeza me mira como intentando conocerme y no lo consiguiera. Al momento, el murete que me separa de la casa de al lado, no es obstáculo para que de un salto casi volador, se despida y desaparezca. Aprovecho la manguera de la pila del patio para empaparme de fresco y volver del todo a este mundo.
Después de acicalarme un poco, emboco la salida de la casa con la decisión de quien se lanza a la conquista de algo fantástico.

Salgo a la calle.

La Calle Real. Una calle, por así decirlo, principal, importante. Cae inclinada. Muy inclinada. Inclinadísima. Mantener la verticalidad, tarea difícil, es cuestión de tobillos y de gemelos. En este pueblo no existen las varices. Al menos en los vecinos de la Calle Real. Si hay varices en esta calle son forasteras, no son de aquí.

Desde mi vista, las casas hacen la guerra a tan tamaño plano inclinado, desafiando el terreno y configurando una escalera de tejados ocres sobre fachadas resplandecientes y blancas. Escalera que desemboca en la Iglesia o en su campanario, espadaña blanca de cal sobre su robusta piedra y ladrillo.

Un cable de tendido eléctrico cruza la calle desde la casa de más abajo a la de enfrente. Se encuentra abarrotado de golondrinas alineadas cual formación militar, con sus cabecillas mirándose unas a otras y como esperando que el sol las salude. Vistas así, dan la impresión de ser más unas pinzas de tender de las que se quedan abandonadas cogidas a un tendedero sin ropa. Gozan, eso si, de un palco de honor para presenciar un amanecer tan bello.

¡Que sol! Naranjon, redondo, brillante, fuerte. Casi con una sonrisa. Inmenso y deslumbrante. Y que nos da la vida casi somnoliento aún. Me lo imagino ayudándose por dos de sus rayos más fuertes, saliendo de la montaña del fondo, a pulso, poco a poco, como un atleta. Y tras conseguirlo, remontar su vuelo diario. Sin prisas pero sin pausas. A calentarnos el día.

El descender por una calle tan inclinada es fácil y llevadero. Mejor dicho, casi de dejarte caer por el acerado. Siempre piensas en la calle pero a la vuelta, hacia arriba. Penosa e interminable. Sacando la lengua y encorvado hacia delante. Y se me viene una idea a la cabeza: ¡pobre del crío que abandone a su vigilancia una pelota, arriba, al comienzo de la calle! Después de recogerla al final de la calle, abajo del todo, casi en la ribera, y subir de nuevo, ya se ha ido toda la pandilla a merendar. Así deben de tener las piernas como futbolistas profesionales.

Es por eso que yo la vuelta, la hago siempre por una calle paralela a esta. Más liviana.

Sigo calle abajo. Paso junto al Ayuntamiento. Pequeño, señorial, con su porticado con arcadas, bajo su reloj de sol, que por su disposición solo funciona un par de horas al día, y cuando hace sol, claro.

Avanzo y paso frente a la farmacia. Al llegar a la esquina dejo la oficina de correos a un lado y continúo por la calle de la izquierda. Pero mi mirada se clava en la Iglesia, que casi enfrente me invita a contemplarla. Erguida, casi escondida y guardando seguramente mas de una historia, se alza con trabajo, como empinada, por encima de los tejados como reclamando su importancia. Frente a su pórtico de entrada, se yergue frondosa una palmera y bajo ella, un banco de forja custodia serenamente su sombra. Recuerdo que sentados en él una noche de verano, aproveche con mis hijos para solucionar el mundo durante unas horas.

Continúo por la calle de la izquierda pasando junto al estanco, tomando la esquina y calle arriba ahora. Calle que me conduce al horno de pan. Hay dos. Yo voy al de más abajo.

Al pasar bajo los árboles junto a la acera, se escucha como los pájaros casi se gritan unos a otros.

Al llegar a la panadería, realmente me despierto del todo. Perfume del cielo. Todo te huele a pan nuevo, recién hecho. Aroma sutil. A madre de mañana. A todo lo bueno, encantador, apetitoso, bonachón, de desayuno de dioses. El olor a pan acabado de sacar del horno, rememora los mejores recuerdos de nuestra nariz.

Con la bolsa llena de crujiente frescura aún caliente, me encamino a casa calle arriba. Los bancos que la bordean en su zona de sombra, ya están ocupados por sus habitantes más fijos y tempranos, los mayores y jubilados. Contemplan y escudriñan el pasar de los demás con un interés más propio de cualquier investigador de la policía que de un simple observador. Tampoco hay muchas novedades que llenen su interés.

Y al pasar saludo:

- Buenos días.

- Muy buenas.

Y así un grupo tras otro, despacito. No hay prisa.

Llego a casa. Guardo el pan. Retorno al café. De nuevo sentado en el patio, respiro, miro, siento, escucho, paladeo, pienso, muy tranquilo... quieto... casi pasmado. No es fácil llevar tantas cosas a la vez. La próxima vez me lo tomaré con más tranquilidad.

Será un verdadero placer intentarlo de nuevo... mañana.

miércoles, febrero 10, 2010

¡A ver quien viene a decirme...! Alguna verdad de esas...

¡A ver quien viene! ¡A mi sevillismo de mi Sevilla FC! .

. A ver quien viene a decirme a mi que no he de tener la mayor de las ilusiones puestas en una final a la que solo van dos. Los mejores de esa competición. Que los que no están, quisieron estar, pero no lo están. ¿Por que? Porque fueron peores de los que están. .

No sé si se entiende...

. Hoy se juega la vuelta de las semifinales de la Copa del Rey de España, y es mas importante que si Cristiano se ha depilado el pubis o si Messi tiene diarrea (o Diarrá). Por mucho que el Marca, su radio, el AS, el Sport o el otro quieran ovbiarlo. .

Aún a sabiendas de Jimenez y de sus aceitunas (las que tiene por neuronas). Tenemos plantilla y equipo para hacer lo mejor... y para que nos gane cualquiera también. Si un grupo no se administra como es debido, sus cualidades se pierden en la espesura de la banalidad, y sus posibilidades suelen estar mas cerca de la fortuna que de lo trabajado.

. Pero por encima de todo está la ilusión... esa ilusión que tenemos los que estamos ahí. Los que podemos hablar y discutir de esto. Los que no están (vuelvo a repetir) no pueden... solo observan y comentan, poco mas... .

Espero todo y nada... eso es jugarsela.

. Creo en todo lo que me ilusiona, y estar de nuevo disfrutando eso que se disfruta cuando estas ahí... tan arriba como para tocarlo todo, y compartirlo con todo aquel que está a tu lado. .

Momento importante... tenso... admirable... con temor... con alegria... todo un momento para disfrutar... como lo disfrutamos los que estamos ahí.

¡A ver quien viene a quitarme esa ilusión!

.Prometo contar lo que haya visto y sentido...

domingo, febrero 07, 2010

Muy Buenas A Todos

Tras muchisimas cuestiones que no dan tiempo a reseñar, ando de nuevo por aquí para ir poniendo al día el cuerpo y la mente. . Espero no defraudaros... pues pondré mi vida, la mejor y en el buen sentido, en ello. . Un beso, os quiero.