miércoles, febrero 01, 2006

Acodado en cubierta (de la fabrica)

La tarde va sucumbiendo a los encantos de la noche y el Sol desaparece con su estela de luz roja tragado por la atracción de lejanas tierras.
Desde la ensenada del puerto y acodado sobre la cubierta, intento distinguir a través de sus luces, las casas de la ciudadela, pero la fortaleza del castillo y su torreón vigía me impiden hacerlo con claridad.
Ya callaron las descargas de los cañones, el estruendo de los impactos y el fragor de la batalla... y el teléfono, que no cesa.
Ahora me espera el reposo y el descanso merecido...
Pero sé que mas allá de donde termina el horizonte, encontraré mi destino.

2 comentarios:

BärBara dijo...

Y él te está esperando, como siempre...

Alatriste dijo...

Vaya.
Ya daba como un hecho, la amenazante indiferencia.

El destino me espera, pero las esperas son mas suaves cuando se hacen con buena compañia...